Aquellas lejanas citas…

¿Os acordáis cuando había un tiempo en que podíais tener citas con vuestra pareja? Vale, igual seguís teniendo citas con vuestra pareja, maticemos pues. ¿Os acordáis de cuando podíais tener citas con vuestra pareja SIN PAGAR CANGURO y sin toque de queda? A mi casi si me olvida.

Recuerdo lo mucho que me lo curraba cuando salíamos. Y es que la pre-cita era casi tan importante como la cita.

Da igual si os acababais de conocer, llevabais unos meses saliendo o años casados. Generalmente el plan era el siguiente:

 “PRE-CITA” (agotador). Generalmente constaba de:

– Tomarte el tiempo suficiente para evitar cortarte/quemarte depilándote

-Tener que repintarte una uña (o más) porque no se han secado bien y ha quedado medio rugosa.

-Los aproximadamente 15-20 minutos (para algunas más) que pasabas intentando encontrar la combinación perfecta de ropa (incluye la interior), zapatos y bolso (obviously). Ahí había que elegir: braga-faja o lencería mona.

-El momento donde empezaban a caerte gotas de sudor debido a la tensión de supone ponerte las medias sin hacerles una carreras. Según la Ley de Murphy y las estadísticas, 7 de cada 10 medias acaban con carrera. Seguramente todas hemos vivido el es escaparte al último momento al badulaque a por otras. O ir sin. O cambiar de modelo porque no hay huevos a ir sin. Putas medias.

-El pelo. El gran enemigo de algunas. Las que tenéis el pelo liso seda no quiero oír ni mu con vuestros “jo… es que es tan lacio…”. Y las que tenéis unos rizos como la del anuncio de Cocunat tampoco tenéis derecho a quejaros. Las que tenemos el pelo que ni fu ni fa, tenemos que debatirnos entre plancharlo o rizarlo bien. Ahí la maña que tenga cada una y la humedad que haga. Siempre nos quedará recogernos el pelo.

-Turno para el maquillaje. No hay cosa que toque más los huevos que joderla en el último momento. Cualquier persona que no suela usar a menudo el eyeliner sabe que, si la cagas la lías. Más vale que lo pienses muy bien, y si vas con prisa, decídete por resaltar labios en vez de ojos (ojo con le labial rojo, que tampoco es fácil de arreglar).

PRE-CITA superada… la cita no era 100% una cita si no había los momento en que:

-Te cagabas de frío pero querías lucirte o, en su defecto, sufrías por el calor esperando que no aparecieran ronchas bajo tu manga.

-Te preguntabas si el lápiz de ojos se habrá corrido dándote un aspecto de mapache. Si acababas decidiéndote por ir al baño había muchas probabilidades que cundiese el pánico.

-Esos momentos tensos en que te pillaba un retortijón (no mintáis a todas os ha pasado). O cuando vuestra pareja/cita tenía algo entre los dientes y no sabías si decírselo o no. Esas cositas que te distraían de la conversación y te hacían sacar tu mejor sonrisa para disimular.

Y el final de la noche. Sexo desenfrenado. O no. Pero había la posibilidad.

No sé, llamadme rancia, pero a mi eso de volver a casa y entre que saludas a la canguro, te pone al día, le pagas y eso, como que me corta un poco el rollo. Y como vaya pedo ya apaga y vámonos.

Ahora las citas son diferentes. Hay veces que puedes permitirte una cita pre-hijos (si se los puedes encasquetar a alguien), y hay otras que no. Entre dejar cenas preparadas, baños y hostias pues las pre-citas tampoco son lo que eran, y oye, hay veces que ni ganas. Pero el momento que pasas fuera de casa, es casi mejor que en épocas pasadas. Y a quién le importa si se te escapa un pedo…

¿Qué tal vuestras citas post-hijos?

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